Beatriz Preciado: Terrorismo contra el imperio farmacopornográfico

Se acaba de publicar ‘Testo Yonqui’ (Espasa) de la filósofa postfeminista afincada en Francia, Beatriz Preciado.

 
En este libro, Beatriz Preciado nos explica su experiencia como adicta a la testosterona, hormona que ella misma se administra en forma de gel, clandestinamente, sin ningún tipo de supervisión médica.

 
En ‘Testo Yonqui’ encontramos una narración de los devaneos sentimentales de la autora, así como descripciones muy explícitas y de gran crudeza -e innegable fuerza literaria- de sus prácticas sexuales habituales.

 
Pero no nos encontramos ante una obra erótica ni pornográfica. O al menos no sólo es eso. El libro se plantea como un ensayo en el que se analizan los mecanismos de control político que a lo largo de la historia el capital ha ejercido sobre los diferentes aspectos de la sexualidad. Y como estos mecanismos han evolucionado hasta dar lugar al sistema actual, que la autora denomina como régimen ‘farmacopornográfico’, en el que la economía del sexo genera unos beneficios ya comparables a los de la industria armaméntistica o la farmaceútica.

 
Tras leer el libro caemos en la cuenta de que no todo es lo que parece y así, por ejemplo, Beatriz Preciado da respuestas a preguntas que pocas veces se plantean:
¿Por qué la pildora anticonceptiva es uno de los fármacos más producidos en la historia de la humanidad estando suficientememte comprobada su alta incidencia cancerígena?
¿Por qué buena parte de los fondos inicialmente destinados para la prevención y erradicación de enfermedades en el tercer mundo acabaron finalmente empleándose en la investigación y el desarrollo del viagra?
¿Por qué el estado ejerce un monopolio y control absoluto sobre la distribución de los medicamentos de carácter hormonal tales como la testosterona?

 
La filósofa también plantea una hipótesis escalofriante: que las actuales condiciones laborales en las que el proletariado del sexo ejecuta su trabajo no son una excepción, sino que se trata de unos modos de producción que el sistema está tratando de imponer progresivamente de forma hegemónica.

 
Aunque al libro se le podría objetar cierta parcialida y un exceso de radicalidad en sus planteamientos, la autora es honesta en todo momento y nunca nos oculta cuáles son sus puntos de partida.

 
En resumen, un lectura altamente recomendable por su caracter divulgativo y porque ofrece una perspectiva alternativa a las visiones más bien optimistas y complacientes de la sociedad actual que ahora tanto proliferan.

 

 

Mike Oldfield: La música de las esferas.

Acabo de escuchar ‘Music of the spheres’ lo último de Mike Oldfield.
He comprado el cd por curiosidad, ya que había oído que se trataba de una composición para orquesta sinfónica.
En la introducción Oldfield explica que la obra es su interpretación de la antigua teoría de la música de las esferas.
Pues bien, una vez escuchada se llega a la conclusión de que la música de las esferas es bastante parecida a la de las campanas tubulares.
Supongo que a estas alturas tampoco se pueden esperar de Oldfield grandes innovaciones, aunque hay que reconocer que el disco se escucha con agrado: Es el típico sonido de Oldfield, con sus melodías repetitivas y algunos temas de aire celta.
De todos modos uno se pregunta si hacía falta tanto despliegue instrumental para conseguir el mismo sonido de siempre y si quizás no se ha pasado de grandilocuente a la hora de elegir el título.
Pero bueno, que eso, que el disco se deja escuchar, aunque quizás fuí algo ingenuo al esperar sorpresas por parte de Mike, que el pobre también ya va teniendo sus añitos.

Sobre Cortázar

Ahora que tengo tiempo estoy aprovechando y me estoy leyendo las obras completas de Julio Cortázar.
Córtazar tiene fama de escritor difícil. No estoy de acuerdo con esto, aunque creo que tiene su explicación.
Entre los lectores de Córtazar están los que prefieren los cuentos y los que se decantan por sus novelas. Yo me cuento entre los segundos.
Los cuentos de Córtazar se caracterizan por su perfección técnica. Se trata de dispositivos exactos, diseñados con la idea de captar la atención del lector y no soltarla hasta el final del relato. Uno queda literalmente atrapado en la red de araña minuciosamente tejida por el autor y así se llega a la última página, donde generalmente nos tiene reservada la gran sorpresa final, el mazazo desconcertante que nos deja sin aliento, boquiabiertos. Se puede afirmar sin pecar de exagerado que Córtazar es el maestro del cuento en castellano en el siglo XX.
En los cuentos de Córtazar no existe una temática común. Cada relato es una pieza redonda, un mundo vivo en sí mismo, concebido de forma independiente y con su propia tensión interna, una tensión que no decae en ningún momento. Su lectura resulta absorvente, basta con dejarse llevar.

Sus novelas son otra historia. Estas requieren por parte del lector una actitud podríamos decir que más activa, pero el esfuerzo merece la pena.
En sus novelas, Cortázar se expresa con una total libertad y precisamente por esto, en ellas podemos reconocer el lado más personal, más intimo, del escritor.
Esta libertad alcanza todos los niveles. Empezando por el estilístico: Cortázar experimenta sin pudor con la literatura: en sus textos nos encontramos con frases inacabadas, fragmentos en inglés o en francés, trozos de poemas y canciones, escritos de otros autores, textos extraídos de periodícos y revistas, argentinismos, cambios inesperados de los tiempos verbales y un largo etc. Es la técnica collage llevada de la pintura a la escritura.
Esta libertad estilística, este afán por experimentar, es posiblemente la razón por la que se le ha impuesto el sambenito de ‘escritor díficil’. Pero no nos equivoquemos, nos encontramos ante un escritor que empezó a publicar muy tardíamente, con un bagaje literario y cultural impresionante, con una técnica depuradísima y todo ello puesto al servicio de la más absoluta libertad creadora.
Por eso, a mi modo de ver, hay que introducirse en las novelas cortazarianas con una actitud abierta, como la del que acude a una fiesta. No se puede pretender entenderlo todo, aprehenderlo todo, explicarlo todo. Las novelas de cortazar están cuajadas de referencias culturales: a pintores, escultores, escritores (por supuesto), músicos (Cortázar es entre otras muchas cosas un apasionado del jazz). Los protagonistas de sus historias son generalmente artistas, gente que cuestiona el orden establecido, que va en busca de sí mismos, que vive en libertad (de nuevo esa palabra).
Pretender entenderlo todo sería demasiado pretencioso. La prosa de Julio Cortázar tiene su propio ritmo, tiene un swing especial. Uno se deja acompasar y poco a poco va captando, va entendiendo. Te vas dando cuenta de las continuas bromas y tomaduras de pelo que salpican la lectura. Vas tomando conciencia de la particularidad del mundo cortazariano: su obsesión por los misterios del universo femenino, su devoción por los gatos, su creencia en la existencia de un lado mágico de la vida.

Sobre este último punto hay una anécdota curiosa:
En ‘Rayuela’, Cortázar incide mucho sobre el tema de las casualidades. En el transcurso de la novela las casualidades se suceden de manera a primera vista inverósimil. Yo pensé en un principio que se trataba claramente de una invención del autor. Años más tarde leyendo una entrevista a Fernando Porrúa, el editor argentino de Cortázar, éste aseguraba  que lo de las casualidades no era invención, que al lado de Cortázar a uno no dejaban de pasarle cosas raras y ponía unos cuantos ejemplos.

Luego están también las disquisiciones filosóficas, en las que los no iniciados -como yo mismo- pueden perderse un poco, pero que nunca dejan de tener ese ritmo, ese swing.
Y por último está el lado político del escritor, que en los últimos años de su vida (murió en 1984) estuvo muy implicado en la revolución cubana y en la nicaragüense y que queda claramente reflejado en el ‘Libro de Manuel’.
La obra novelística de Julio Cortázar es sobre todo la búsqueda de un modo de vida alternativo a los valores capitalistas predominantes cuya imposición el autor ya intuía tempranamente y en lo que resultó visionario.
Por eso sus capítulos están repletos de situaciónes no-lógicas, anticonvencionales, de personajes desclasados, de vagamundos, de locos, de seres vulnerables, de todo aquello que desafía el modo de pensar preestablecido, lo que Cortazar llama ‘La Gran Costumbre’.
Hay que leer a Cortázar. El que no lo lea no sabe lo que se pierde. Para los que se quieran introducir en su lectura yo les sugeriría los siguientes títulos y en este orden:

‘Final del juego’ (cuentos)
‘Las armas secretas’ (cuentos)
‘Rayuela’ (novela) – En especial la edición de Catédra, con un prólogo muy sustancioso de Andrés Amorós

Y después, ya enganchados, aquello que os venga en gana.

Eso es todo. Saludos a los cronopios del mundo.